Busquets juega en la encrucijada, allí donde se cruzan todos los caminos, en la parcela más caliente, la auténtica zona cero del fútbol. Su rol parece sencillo, pues hace fácil lo difícil, sea como aguador o guerrero, como paseante o como maleante. Subiendo balones o dibujando los senderos por donde sus colegas trazarán diabluras, este hombre de verbo escueto parece haberse doctorado en ingeniería de caminos y puentes, lo que nos lleva a exclamar: ¡Dadme un Busquets y moveré el mundo!
